sábado, 6 de enero de 2018

Diario de Lucía | Beso en la frente

Amelie Poulain



Eran las 3 de la mañana y desperté luego de soñar. La escena fue tan real que por un momento sentí emociones al verme ahí y verlo a él.

Andábamos por una de las avenidas que solíamos caminar, él llevaba mi bolso y yo me emocionaba. Como siempre —o como antes— yo jugaba con su cabello y nos reíamos de cosas sin sentido. Él me cogía la cintura y me envolvía entre su cuerpo, mientras yo olía su cuello por un momento. De pronto, como todos los sueños, no tienen una explicación, aparecimos separados, como amigos y yo le preguntaba cómo había estado. Al mismo tiempo, el chico de mis sueños me enseñaba un tatuaje en la pierna del 'Rey León', cuando le pregunté porqué se había tatuado eso, me dijo algo que quiero pensar, que son cosas de Morfeo: "yo sé que te gusta esa película y que haz llorado más de una vez al verla, eso me contaste una noche, por eso lo llevaré siempre, porque será como tenerte a ti en mí."

Desperté con la sensación que estábamos ahí, pero la oscuridad de la madrugada y el calor del verano, me hicieron recordar lo lejos que estamos. Sin cuestionar más las razones, cogí un papel y comencé a escribir todo aquello que quedó pendiente en hablar, lo que callé, lo que me contuve por miedo, por orgullo, lo que hoy, ya no importa. Deposité toda esa mezcla de emociones para luego quemarla, con la esperanza que ese sueño, sea una señal que él está bien.

Y para terminar con ese capítulo, cerré los ojos y recordé las veces que nos despedíamos con un beso en la frente. Aún sabiendo que esa sería la última vez, sonreí al saber que en mi corazón solo habitan los mejores recuerdos de ese, nuestro amor.



miércoles, 27 de diciembre de 2017

Diario de Lucia | Love, Rosie

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Habían pasado muchos meses desde la última vez que nos vimos. Pero por fin había llegado el momento de volvernos a ver. Quería ser —al menos por esa vez— puntual, como nunca antes. Llegué a la plaza donde nos citamos, media hora antes, a pesar que me sentí algo extraña por eso, decidí esperar mientras leía un libro en la banca del parque. Me entretuve escuchando las canciones que narraban las mejores épocas a su lado, intenté ambientar el ansiado encuentro que estaba por suceder. 

Al ver el reloj, me di cuenta que Agus tenía casi 40 minutos de retraso, no quería parecer estérica, entonces seguí en la espera, justificando su tardanza con el tráfico. Estaba por la página 156 y había comenzado en la 125. Comencé a angustiarme, entonces lo llamé. Tras varias llamadas a la nada y mensajes que cambiaban de tono en cada segundo que avanzada, me fui. Pero esa parte viciosa que aún no supero —pero que estoy mejorando— de esta tóxica relación, me hacía caminar lento, como guardando esperanzas a que él llegara y se disculpara. No contestó ni una llamada. Llegaron las 7:30 PM y mientras llegaba a casa, solo deseaba que no se tratara de algo fatal.

Me liberé de la ropa que llevaba puesta, me tumbé a la cama e hice cualquier otra cosa que no sea pensar en Agus. Cuando mi mente andaba transitando entre las historias de Grey's Anatomy, sonó mi celular, era un mensaje de él que confirmaría lo que andaba pensando. No había pasado ninguna emergencia ni algo fatídico, era que —como suele pasar— no estaba listo para volvernos a ver. 

Acostumbrada a su indecisión, pero más segura de lo que no quería, aparté mi teléfono y recordé todas las veces qué, cuando sucedían cosas así hace un par de años, me desconsolaba en la idea que era yo la culpable de su inseguridad, que era yo la que ocasionaba nuestras rupturas. Quizás esta vez había sido ese ‘clavo’ que faltaba sacarme para de una vez por todas, dejar de pensar que todo ha cambiado.

No definiré a Agus de buen o mal chico, con el tiempo entendí que uno da lo que ha recibido a lo largo de su vida. Estamos hechos a base de experiencias, de situaciones que definen nuestro destino. Pero también, tenemos la capacidad de elegir, de saber, a quién quieres. Y yo, no quiero a alguien que no me suma. 



Imagen: Película Lovie, Rosie 

domingo, 24 de diciembre de 2017

Mensaje de Navidad


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Desde pequeña, siempre me ha emocionado la Navidad. Pensaba que con el pasar de los años esto cambiaría, que quizás solo era una etapa que luego se reemplazaría por otra, pero no. Han pasado veintiocho años desde que cada mes de diciembre espero esa reunión familiar donde todos, intentamos apagar las voces del exterior para solo escuchar al amor en todo su esplendor. 

Es el doceavo y último mes del año donde saco cuentas de mis actos, donde me analizo, donde me felicito, me aplaudo, me regaño, me perdono. Pero, sobre todo, donde me propongo a amar mejor.

Navidad es un renacer, porque creo que —quizás algunos no lo compartan— los humanos necesitamos de ciertos impulsos parar buscar un pretexto y encontrarse con su yo. El nacimiento del niño Jesús es un sinónimo de cómo podemos volver a reinventarnos, a valorar más, es la excusa perfecta de acercarnos a quienes amamos.


Este tiempo, es bueno para contar nuestras bendiciones, para compartir con el que no tiene, ideal para practicar el perdón, para dar una cuota de paz y encender la esperanza. Haz a un lado el rencor, la envidia y celebra, tal y como dicen tanto por ahí. El árbol de Navidad o los regalos, no son más que un símbolo de amor, pero la verdadera celebración nace desde tu interior.

martes, 5 de diciembre de 2017

Meditación y la paz interior

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Llegó el último mes del año, tiempo de reflexionar sobre todo aquello que hemos hecho estos 365 días. No solo los logros —algo que es secundario— sino, qué tanto hemos evolucionado y crecido desde el interior. Siempre he creído que cada año —así como cada cumpleaños— es un buen momento para intentar florecer, soltar, perdonar y perdonarnos. 

Desde hace un tiempo, comencé a hacer actividades que había dejado en lista de espera, me propuse no postergarlas más y hacerlas. “La vida es ahora” me repetía a diario como un mantra y así, poco a poco logré cumplirlas.

Puedo resumir diciendo que, a lo largo de este tiempo, aprendí a decidir, a discernir lo malo de lo bueno con mayor precisión. Pero, sobre todo, a amarme, entendí que la paz está en mí, los problemas están en mí, la felicidad está en mí, la tristeza está en mí y al saber todo esto, dejé de hacer a los demás responsables de esos sentimientos. Pero nada de eso hubiera sido posible sin la ayuda de mi fe divina y sin la meditación, porque solo así, puedes hacer las cosas a conciencia. Solo así puedes acercarte más a la felicidad. 



viernes, 1 de diciembre de 2017

Diciembre

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Luego unas horas en lo que llegaba la calma, me llamó y dijo: hoy inicia el mes que más nos gusta, porque es el mes del perdón, de la reconciliación, donde todo se puede. Sin decir mucho, colgué y recordé porqué me gusta tanto el mes de diciembre y él.

¡Eres rara!

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Y cuando lo escucho lo tomo como un halago y no como un ataque. Más parece un piropo, una forma de decir que esa persona vio en mí algo poco común. -Gracias- respondo soltando una sonrisa disimulada y recordando que amo ser tan enigmática.


martes, 28 de noviembre de 2017

Noviembre cálido



Con el tiempo hay cosas que te comienzan a dar igual, personas que dejas de extrañar, lugares que decidimos abandonar, recuerdos que soltamos, heridas que sanamos. Y de pronto nuestro entorno se renueva con situaciones y personas nuevas. Todo cambia, todos en algún momento se van. Pero es ahí donde valoras a quienes se quedan y aprendes a amar de una mejor manera.

lunes, 13 de noviembre de 2017

‘El amor es cuestión de fe’

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 Luego de mucha confusión, intentos frustrados y otras cosas, recapacité sobre las pocas o muchas personas de buen corazón que aún existen. Cogí un papel, una canción de Joaquín Sabina y escribí todo eso que me hizo sentir por primera —y única vez— enamorada. Sentía la necesidad de sentir un amor real, uno de esos que te hacen recordar que sí existe.
Entre muchas cosas, rescaté la nobleza del corazón de aquel hombre que me acompañó durante cinco años, quien me vio crecer, quien me siguió en diferentes etapas, pero quien también vio lo peor de mí y, aun así, decidió quedarse. 

El chico que está lleno de errores, pero que —ahora sé— ninguno como para apartarlo de mi vida. Comparé situaciones, analicé sus grandes cambios y el hombre quien ahora es. Exalté, sobre todo, su tierna voluntad de ser mejor guiado por la divinidad. El muchacho que me citaba todos los domingos a las 6 de la tarde en la iglesia, el que se enternecía al escucharme cantar canciones de paz.

La vida es un juego de azar que te prepara según experiencias para perder o ganar, pero que siempre, siempre, se aprende. Es el viaje que según a tus decisiones, te llevará a tu destino. El amor, como siempre lo creí, es cuestión de fe, es la decisión más importante que nos lleva a no confundir ese sentimiento tan importante con amistad o afinidad. Es la palabra que se construye, que se transforma en hechos y hasta en un para siempre. El amor tiene el poder de borrar con cualquier mal recuerdo o tropiezo, de perdonar, de perdonarte y sobre todo, de hacerte una mejor persona, si así lo deseas.

—Tú solo pídele lo que deseas a Dios con mucha fe y él te lo cumplirá, créeme. — Me aconsejó él, cuándo le dije que estaba confundida…
—¿A ti se te ha cumplido algo? Le pregunté

— ¿Por qué crees que hoy estamos hablando de nuevo ? — Me dijo.